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El perfil transnacional de Filmadrid

Junto a su carácter multi/antidisciplinar y el multilingüismo, el tercer pilar que Camira defiende en sus estatutos es la idea de lo transnacional. Lo transnacional en la crítica de cine como un diálogo inclusivo, una red en la que participen voces de distintos países y que, no solo sea consciente de las implicaciones geopolíticas que tiene la práctica cinematográfica, sino que también tenga la capacidad para abordarlas de frente. Este enfoque pareció encajar como un guante en la línea de programación del recién nacido festival de cine Filmadrid, celebrado el pasado mes de junio en la capital de España. Allí varios miembros de Camira pudimos disfrutar de la Sección Oficial y comprobar de qué manera esta visión de lo transnacional puede integrarse en una programación. Al fin y al cabo, pocos escaparates más visibles que un festival para mostrar el cine que se hace (y el lugar desde el que se hace).

decorFrente a los certámenes que funcionan “cubriendo cuotas”, para los que programar una película africana parece más una obligación que no un verdadero interés, Filmadrid logró encontrar la fórmula por la que cada película no fuera vista solo como representante de una cinematografía concreta, sino como parte de un conjunto de obras que podían hablarse de tú a tú, sin que la procedencia derivara en etiqueta o hermetismo. Hablamos de films producidos en Jordania, Egipto, Brasil, China, Corea del Sur, Ruanda… es decir, películas procedentes de los llamados “cines periféricos”, que por fortuna no cumplieron las expectativas (canónicas) que teníamos de ellos. ¿Cuáles serían esas? Hace ya unos años Antonio Weinrichter diagnosticaba la situación que, pese a evolucionar, en ocasiones sigue tropezando con la misma piedra: “La ficción del Tercer Mundo debe caer del lado del neorrealismo (y hasta del naturalismo de la miseria) o bien del realismo mágico (…) Lo que no se acepta tan bien son las películas del Tercer Mundo que se alejan de estas dos vías” (1).

theebPrecisamente es esa –posible y deseable– tercera vía por la que apostó Filmadrid. De los cines de la periferia probablemente no esperábamos el clasicismo que desprende Décor (Ahmad Abdalla), una suerte de melodrama en blanco y negro que nos deja entrever influencias de la época dorada del cine egipcio sin renunciar a una lectura política actual. Tampoco pensábamos que un film jordano como Theeb, primer largometraje de Naji Abu Nowar, pudiera traer consigo el empaque de este relato de iniciación que transcurre entre los paisajes de Lawrence de Arabia y que nos introduce la figura del otro (el explorador, el colonizador) desde los ojos de un niño. Habituados a poseer el punto de vista, resulta reparador que este se encuentre aquí del otro lado. O que se alterne, como sucede en la producción ruandesa Things of the Aimless Wanderer, en la que Kivu Ruhorahoza plantea en forma de hipótesis tres películas en una, donde la colonización acaba manifestando la neocolonización.

o_touroTambién Songs from the North (Soon-Mi Yoo) podría verse como una forma de exploración de Corea del Norte, una tentativa frágil e intimista realizada a través de material propio y ajeno, en la que el teórico aislamiento de aquel país acaba rompiéndose a través del montaje. Por último, también cerca de la poesía aunque en este caso más onírica, se encuentra O Touro (Larissa Figueiredo), una indagación hacia el territorio de la leyenda que traza la ruta Portugal-Brasil. No habría que olvidar Li Wen at East Lake (Li Luo), película en la que las preocupaciones de la China actual se van descubriendo a medida que el documental se enreda y desenreda de la ficción.

Situándolas bajo la lupa, comprobamos que ninguna de estas películas se enzarzan en relatos de explotación de la pobreza ni beben de un cine simplista de denuncia. En su debut, la programación de Filmadrid mostró un especial interés por la conciencia de los ejes Occidente-Oriente y Norte-Sur, quizá la fuente de equilibrio más relevante entre tanta variedad de géneros y formas. Como críticos cabría plantearnos si nuestros conocimientos son suficientes para gestionar competentemente estas cinematografías que tan poco hemos transitado, pues sería absurdo negar que seguimos con el canon occidental entre las manos. ¿Acaso somos capaces de apreciar la completa referencialidad de Décor? ¿Dónde situaríamos dentro del cine chino la frescura de Li Wen at East Lake? ¿Qué sabemos del sistema de producción de Ruanda para entender mejor los trabajos de Ruhorahoza? Son estos los interrogantes que fueron brotando entre proyección y proyección, dudas que nos recuerdan la necesidad de ampliar los parámetros críticos para poder juzgar la enorme diversidad de los cines periféricos. 1951 fue el año en que Rashomon, de Akira Kurosawa, ganó el León de Oro en la Mostra de Venecia y gracias a ello la mirada occidental se posó sobre el cine japonés. Poco después sería el turno de Satyajit Ray y la cinematografía india, y después vendrían muchos más. Es esta la única manera de ampliar la cinefilia, en lugar de concentrarla.

 

Andrea Morán

 

(1) Weinrichter, Antonio, 1995: “Geopolítica, festivales y Tercer Mundo: el cine iraní y Abbas Kiarostami”, en Archivos de la Filmoteca, n 19, febrero 1995.