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Crónica de un comité: Película ganadora del premio CAMIRA en el IV Festival Márgenes

CAMIRA in MARGENES 2014

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Hacer cine hoy implica dinámicas y actores (realizadores) muy diversos, gracias al abaratamiento tecnológico que nos permite ver películas producidas desde diferentes contextos sociales. Indígenas, comunidades afro, minorías, estudiantes, trabajadores, y muchos más actores que antes no podían expresarse a sí mismos a través de la cámara, hoy pueden hacerlo. Muchos de ellos se valen de la situación para hacer principalmente cine de denuncia. En Colombia, por ejemplo, los indígenas del Tejido de Comunicaciones NASA ACIN denuncian a las multinacionales mineras y los actores armados que quieren sacarlos de sus tierras; o los estudiantes y maestros, en muchos lugares de Latinoamérica, que protestan a través del cine por la privatización de la educación. En ese sentido el cine hoy nos adentra a nuevos mundos de formas diversas por quien toma la cámara para convertirla, en muchos casos, en un arma de lucha, como la película que nos compete aquí, la ganadora del premio CAMIRA, en el cuarto Festival Márgenes, de España. Crónica de un comité juega con el cine de denuncia, pero va más allá, y en su inserción, en su uso de la tecnología del video en manos de una comunidad golpeada por el poder estatal, termina por enseñarnos un rostro amplio y renovador de este tipo de cine.

Crónica de un Comité, es un film que inicia sin más deseo que el de dejar por sentado lo que ocurre en una comunidad de un barrio popular de Chile, en la que tras una protesta un policía asesina a un muchacho de diecisiete años. La cámara pasa por varias manos de este comité, conformado por la familia del joven y líderes comunitarios del barrio, quienes no sólo registran sus actos por la búsqueda de una justicia – el policía que quedó en libertad luego de sólo un mes en prisión -, sino que también registran sus conversaciones, momentos familiares que están impregnados de la tristeza que ha dejado la muerte del hijo y hermano, y la intervención mediática, estatal y religiosa vista en la visita a medios de comunicación, el trato con los políticos y la relación constante con la iglesia y grupos de evangelización. Es con ello, con ese grabar y grabar, con esa pulsación que mueve el cine amateur que en este caso busca no callar, deseando llevar un registro complejo de sus vidas tras la muerte de Manuel Gutiérrez, que Crónica de un comité va mucho más allá de un film de denuncia, poniéndonos ante un retrato de una sociedad y héroe visto en diversas dimensiones.

Una película hecha con una gran pasión que se transforma en el tiempo, unos personajes que empiezan a ver en la cámara un confidente, abriéndonos puertas para comprender que este mundo no está conformado de buenos o malos, víctimas y victimarios, sino que la sociedad es mucho más compleja debido a que cada uno de sus actores, de sus personajes, son sujetos que se transforman y que están intermediados por distintos factores. La evangelización en Latinoamérica es uno de esos factores importantes en este film, donde sus personajes nos ponen ante el inmenso debate de si la justicia divina puede acallar a la justicia social. O lo que ocurre con Gerson, el hermano del joven asesinado, quien en su aparición mediática y el aval de la masiva movilización social chilena, nos dirá que sus amigos en Facebook se triplicaron, o que sólo tras la muerte de su hermano es que le han dado una beca en la universidad.

Margenes2 Todo ese registro complejo, extendido en el espacio y el tiempo de sus personajes, culmina en un excelente trabajo de montaje que logran sus directores: Carolina Adriazola y Jose Luis Sepúlveda, quienes vienen de un interesante contexto cinematográfico de creación y difusión como lo son la Escuela Popular de Cine de Chile y el Festival Social y Antisocial del mismo país, organizaciones que se fundan en crear y difundir un cine hecho en los márgenes políticos, y alejado de un cine academicista, industrializado y/o comercial, y con ello libre de las múltiples complicaciones que ello puede acarrea como los inconvenientes técnicos, la necesidad de grandes presupuestos, modelos laborales de forma piramidal y los circuitos de difusión que dependen de lo económico.

Así es como CAMIRA, al dar hoy un premio de la crítica independiente a una película como Crónica de un comité, propone señalar que el cine hoy puede ser hecho de formas innovadoras desde todas sus aristas y con ello llegar a visiones renovadoras de nuestra sociedad. Un cine vivo y sugestivamente independiente.

Luisa González

 

Ocho nombres aparecen en el apartado “Cámara” de los títulos de crédito de Crónica de un comité. No nos sorprende, a lo largo de la película la cámara va de mano en mano, como quien dice, en busca de una mirada plural. Una multiplicidad de miradas que no construye estereotipos ni niega contradicciones. Todo lo contrario. José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola logran de Crónica de un Comité un retrato sincero, fresco y abierto. Se acercan a la realidad conservando su paradoja, evitando caer en un lenguaje más museístico que rompería la vivacidad, la fluidez. Las dudas, el desorden, los conflictos internos… los personajes desnudan sus pensamientos y encuentran su libertad delante de la cámara-espectador.

De hecho, la cámara les corresponde con la misma honestidad y se mantiene pegada a los protagonistas, principalmente a la altura de Gerson (recordemos que Gerson va en silla de ruedas). Pendiente de sus miradas, reacciones y dificultades, le acompaña en su lucha y, como paradoja, por momentos lo externo se hace invisible. La cámara a penas nos deja ver aquello contra lo que lucha la familia de Gerson: la masa agarrada a Manuel como bandera política.

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A pesar de su inmediatez, Crónica de un comité no es una película descuidada. De hecho, en ese aparente descuido de la forma también encontramos una estética, una estética de la fuerza, del aquí y el ahora. La urgencia informativa encuentra su equilibrio en una forma que se adapta a cada situación: Selfies de Gerson con su cámara de video, entrevistas apresuradas, otras con puesta en escena, material televisivo, grabaciones en exteriores e interiores, entre otras. El cruce de registros que se produce es precisamente una de las grandes virtudes de Crónica de un comité.

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Precisamente, en la película queda reflejado el manejo de la crónica como género capaz de establecer un cruce de discursos entre realidad y ficción. Pensemos, por ejemplo, en la secuencia de la entrevista televisiva de Gerson. Las mismas imágenes grabadas in situ nos llegan de distinta forma según las vemos a través de la cámara de José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola, o en la pantalla de televisión, a través de los ojos de la familia de Gerson. La identidad, el espacio, se fracturan, y nos sumergimos en un discurso artificial, fragmentado, en el que ficción y documental, de nuevo, entran en tensión. En este sentido, Crónica de un comité es también un juego de piezas fragmentadas, un montón de imágenes que invitan al espectador a darles sentido en el montaje, en su confrontación, en su devenir.

Tanto los personajes observados como lo observadores se mezclan para contar los acontecimientos. Nosotros, como testigos, les sentimos desde la interioridad ajena.

Clara Martínez Malagelada