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Curtocircuito 2015, Santiago de Compostela. CUATRO TÍTULOS Y UNA CONCLUSIÓN OPTIMISTA

La impresión de una guerra, de Camilo Restrepo, es un interesantísimo ensayo fílmico donde el autor rastrea, a través de huellas de imágenes, la verdad del conflicto armado colombiano, tan desvirtuado que ya no es posible comprender su alcance, quién forma parte de él o de qué manera.

Arranca con una ampliadora fotográfica que, como una máquina de rayos x, se dispone a estudiar la imagen de la guerra –o el rastro de esa imagen- en la prensa, en internet, en los tatuajes. Un par de flashes rojos salpican la pantalla como dos disparos en la selva.

Si los periódicos no dicen nada, dice el autor, sus imágenes dicen menos todavía; muestran una realidad indefinida, desvaída, distorsionada y sin contexto. Sugieren que el conflicto está lejos, que pertenece a otro tiempo, que ya pasó o se perdió; se aleja del objeto y disminuye su atención sobre él.

Desde la selva, los guerrilleros filman con sus teléfonos móviles: ahora momentos de descanso y placer, ahora cadáveres al borde del río, en una cadena de imágenes sin jerarquía, necesitadas de una voz que explique su puesta en escena. Píxeles perdidos en su condición digital.

El film tiene algo de Blow Up en el hecho de querer ver donde no hay nada: descubrir la verdad a partir de una mancha.

Es un cine reflexivo, donde montaje y formato están llenos de sentido.

pic 1 Sobre la verdad en la imagen habla también Sounds of a million insects, light of a million stars, registro del nacimiento de una imagen fotográfica en contacto con la luz, pero no una luz cualquiera, sino la luz radioactiva de Fukushima. Tomonari Nishikawa enterró durante unas horas un pequeño negativo de celuloide en una de las zonas supuestamente libres de radiación, ya repoblada por la falta de riesgo. Pero durante aquella bella noche estrellada, en la que sonaban miles de insectos, las partículas radioactivas imprimieron una película eléctrica y azul. Su proyección es como un truco de magia.

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Scrapbook, de Mike Hoolboom, recupera un viejo experimento en el que el trabajador de un centro infantil de discapacitados filmó a los niños para que luego se vieran a sí mismos en un duro ejercicio de autobservación.

Este operador se llamaba Jeffrey Paull y es el verdadero genio del film, capaz, con su intuición, de obtener unas imágenes casi primitivas, llenas de curiosidad, extrañeza, descubrimiento, desconfianza. Una inocencia ante la cámara propia de los orígenes del cine o de espíritus puros, como los niños.

Cincuenta años después de salir de ese centro, una de sus residentes quiso volver a verse; aquí entra Hoolboom, compilador de las imágenes de Paull, y testigo de la confrontación de esta mujer con su pasado. “Me gustaba mirar hacia la cámara, pero no me gustaba ver lo que había detrás de ella…”

pic kidCurtocircuito presentaba este año dos buenas retrospectivas dedicadas a Jorgen Leth y a Aki Kaurismaki. Al cineasta danés, figura clave para los realizadores de Dogma 95’, se le dedicó un programa que rescataba, por un lado, sus documentales deportivos, y por otro, sus películas rodadas en Norteamérica. Fue una maravilla ver en la pantalla del Teatro Principal un film como Motion Picture (1970), un estudio de la perfección del movimiento a través de un tenista que entra y sale del cuadro, dedía y de noche; él se mueve, la cámara no, haciendo que sea hipnótico. Leth dijo que ésta era su película preferida.

pic 4 En la sala Númax se proyectó el díptico americano: New York Street Performers (1982) y 66 Scenes from Amerika (1982) –postales vivientes de paisajes que conocemos por el cine, inspiradas en la serie ‘The Americans’, de Robert Frank. Años después, Jorgen volvió a Estados Unidos para filmar New Scenes of America (2003). Andy Warhol ya había muerto, así que John Cale sería el encargado de traer de vuelta el espíritu del film original.

Al frente de Curtocircuito está Pela del Álamo desde hace ya tres años, y el festival crece y crece con más cine más sugerente. Tiene el apoyo del público y de los críticos; incluso el alcalde lanzó desde el escenario su promesa de continuidad, algo casi inaudito, que los políticos apoyen –de verdad- la cultura que no promueven ellos mismos.

Ya se puede hablar en Galicia de una triple alianza que hermana al Curtocircuito, con el Play Doc de Tui y la Mostra de Cinema Periférico de A Coruña, para seguir combatiendo en las filas más exigentes de la cinefilia.

                                                                                                                             ANDREA FRANCO