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La elocuencia del espacio

En la última edición del festival Play doc de Tui el jurado Camira formado por Gabriela Wondracek, Luis Mendonça y yo, Mireia Iniesta, decidió por unanimidad que el documental ganador de la presente edición fuese Le Terrain de Bijan Anquetil, una obra que narra los últimos retazos de la vida de un poblado gitano proveniente del este de Europa, ubicado en las afuera de Saint-Denis, en Paris. Su director llega a introducirse y a explorar la más honda privacidad de este grupo étnico que permanece a la espera de ser excomulgado de la tierra que forma el asentamiento, clandestinamente conquistado. Los avatares de la vida cotidiana asumen todo el protagonismo, así como los conflictos y afectos que tienen lugar entre las mujeres. Son los interiores, los espacios que ellas ocupan y sus conversaciones, los que parecen asumir mayor presencia. El dormitorio en el que dos de ellas charlan estiradas en la cama frente al televisor, decidiendo si el protagonista de la película va o morir o no, cediendo el paso a la intimidad.

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Una banal conversación entre una joven y una anciana acerca de algo tan nimio como los cuidados estéticos de la primera logra dar relieve a la sororidad y a dotar de alma a la película, más allá de los problemas que asolan el poblado. En las antípodas de retratos como el eslovaco de Marian Kuffa con su Where Hoppe ends, Hell Begins (2015) en el que un sacerdote asume el papel de misionero, o el de Can Tunis (2007) de José González Morandis y Paco Toledo donde se pone de relieve la delincuencia o la reinserción. Le Terrain por su parte, se acerca más al retrato que hace la española Los Tarantos (Francisco Rovira,1963), documentado en un film de ficción algunos momentos de la vida real de los habitantes de las barracas del Somorrostro, poblado chabolista de la Barcelona franquista tan bien retratada por Francisco Candel en su novela, Donde la ciudad cambia su nombre.

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Otro de los films destacados es God Save Child (2015), que comparte título con la canción de Billie Hollyday . Si pensamos en un grupo de niños abandonados los primeros referentes que nos vendrán a la cabeza serán Los Olvidados (Buñuel, 1950), Cuidad de Dios (Fernando Meirelles, Kátia Lund, 2002), Cristina F (Uli Edel 1981), sin embargo la propuesta de Robert Machoian y Rodrigo Ojeda-Beck, no contempla la infelicidad infantil por mucho que hable de un grupo de niños abandonados por su madre y cuidados por su hermana. La grandeza de la obra radica, como en el caso de Le Terrain, en la sobriedad de la puesta en escena y en que todo transcurre en los interiores de la casa familiar, en la naturalidad y la pureza de los niños, en los momentos, completamente reales, quizá los únicos, en el que al más pequeño le cuesta dormirse y llora desconsolado junto a su hermana mayor.

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Como en el caso de Le Terrain la privacidad y la intimidad de lo cotidiano se vuelve esencial y sobresaliente en el transcurrir inconsciente de la vida de estos niños. La melancolía y la ausencia de los padres son temas recurrentes en el cine contemporáneo. Son símbolos de la horfandad del ser humano en la cruenta era neoliberal, algo que Dead Slow Ahead de Mauro Herce, una de las más brillantes y más estéticas propuestas del festival, narra a través de un vacío tan pertinaz como angustioso. El film es una apuesta arriesgada que explora el itinerario de un carguero de maíz, de escasa tripulación, parece navegar sin rumbo en alta mar. Como en los films anteriormente citados, todo se juega en los interiores, en este caso completamente espectrales y cuajados de latencia, tanto, que a través de ellos el director consiguen dar forma a la oscuridad, evidenciando la huella de directores tan excepcionales como Apichatpong Weerasethakul o Tarkovsky.

 Mireia Iniesta